<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?> <rss
version="2.0"
xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
> <channel><title>TheLastWords</title> <atom:link href="http://thelastwords.es/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>http://thelastwords.es</link> <description></description> <lastBuildDate>Thu, 17 May 2012 12:05:03 +0000</lastBuildDate> <language>en</language> <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod> <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency> <item><title>Carta 14</title><link>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-14-2/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-14-2/#comments</comments> <pubDate>Wed, 16 May 2012 17:37:16 +0000</pubDate> <dc:creator>Padre Tomás</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=990</guid> <description><![CDATA[Querida Teresa: &#160; Miguel se ha vuelto a escapar. Cuando desperté, no estaba. Se ha ido sin decir nada, no ha dejado ni una nota. Al principio me puse nervioso y empecé a buscarlo por todas partes, pero solo de pensar que tendría que subir al campanario, terminé buscando vino. ¡Maldita sea mi estampa y [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong>Querida Teresa:</p><p>&nbsp;</p><p>Miguel se ha vuelto a escapar. Cuando desperté, no estaba. Se ha ido sin decir nada, no ha dejado ni una nota.</p><p>Al principio me puse nervioso y empecé a buscarlo por todas partes, pero solo de pensar que tendría que subir al campanario, terminé buscando vino.</p><p>¡Maldita sea mi estampa y esta cruz que me ha cargado el señor!</p><p>Cada vez lo hace más a menudo, dice que va a por comida, pero es mentira, tenemos la despensa llena gracias al padre Leandro. Lo que pasa es que al jodío le gusta explorar y hace lo que le da la gana.</p><p>Creía que la gente como él se quedaba en un rincón, babeando o haciendo lo que sea que hacen, pero éste no se está quieto. Aprovecha cuando me duermo para salir a buscar aventuras, o yo qué sé. No se da cuenta de que la calle es peligrosa.</p><p>¡Y yo sin encontrar ningún licor que echarme al gaznate!</p><p>El pobre tonto piensa que ya he superado todo eso, pero no sabe que todavía busco en los escondites de siempre, aunque nunca encuentre nada.</p><p>Debería estar triste, por las noches le oigo llorar entre pesadillas, pero se despierta alegre y animoso, soltando memeces de la Biblia, que si Yahvéh irá contigo a donde sea, que si la lanza del malvado se quebrará a favor del débil&#8230;</p><p>¡Chorradas!</p><p>Sí, ya sé que lo que te cuento es terrible, pero estas cosas no se las puedo decir a Dios, por eso te escribo a ti.</p><p>Perdóname, os he fallado a todos, sobre todo a ese muchacho.</p><p>No sé que hora es, hace mucho que se me paró el reloj, pero se está haciendo de noche.</p><p>No dejo de preguntarme donde andará, con la escopeta descargada, a merced de esos monstruos.</p><p>¡Y yo aquí, lamentándome como un cobarde!</p><p>&nbsp;</p><p>Por fin ha llegado. Llevo todo el día atacado de los nervios, y el niño se presenta con una chica, como si fuera un amigo que viene a merendar.</p><p>No recuerdo haber visto su cara en la iglesia. No me gusta como me mira.</p><p>Estaba dispuesto a echarles una bronca del demonio.</p><p>—¿Se puede saber donde estabas?</p><p>—¿Es que no sabes la hora que es?</p><p>—¿Y quien narices es esta mujer?</p><p>Pero el puñetero sabe como aplacar mi furia. Me ha traído una botella de anís.</p><p>Se la he quitado de golpe y me ido a mi habitación, dando un portazo. Ni siquiera he cenado.</p><p>No sé qué ha pasado, ni lo quiero pensar. Me beberé esta botella y mañana Dios dirá.</p><p>&nbsp;</p><p>Tu hermano Tomás.</p><p>&nbsp;</p><p>P.D.: Padre, por favor, no mires.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-14-2/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 14</title><link>http://thelastwords.es/cartas/iria/carta-14/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/iria/carta-14/#comments</comments> <pubDate>Wed, 09 May 2012 10:25:17 +0000</pubDate> <dc:creator>Iria</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=984</guid> <description><![CDATA[Querida prima, no conozco este mundo: &#160; Anduve por los caminos escondiéndome detrás de cada arbusto, esperando pasar desapercibida por los&#8230; ¿Cómo llamarlos? Infectados, zombies. No puedo evitar pensar, que un día, si no encuentro un antídoto, pasaré a formar parte de esos seres sin alma. Los veo pasar por el camino. Su andar es [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Querida prima, no conozco este mundo:</p><p>&nbsp;</p><p>Anduve por los caminos escondiéndome detrás de cada arbusto, esperando pasar desapercibida por los&#8230; ¿Cómo llamarlos? Infectados, zombies. No puedo evitar pensar, que un día, si no encuentro un antídoto, pasaré a formar parte de esos seres sin alma.</p><p>Los veo pasar por el camino. Su andar es lento, sin prisa, porque a ningún lugar tienen que ir. Sólo existe su comida y ellos, no tienen otro fin.</p><p>Cada vez que los veo no puedo soportar la idea de su existencia antinatural. Los órganos internos se pudren lentamente, entrando en un periodo de descomposición que no puede detenerse ni retroceder; así lo demuestra su nauseabundo olor. Aun así, viven, por decirlo de alguna manera.</p><p>Si pudiera hacerme con uno de ellos vivo y llevarlo al laboratorio sería un gran avance. Podríamos ver como funcionan sus órganos, saber por que sigue en pie aunque su cuerpo se este pudriendo. Carmen nunca aprobaría esa medida. Sin medios de contención, el sujeto podría escapar y destruir todo, nosotros incluidos. Quizás debería hacerlo yo misma. Podría ir al centro de salud y coger el instrumental médico necesario. ¡Que tonterías pienso! Yo sola no podría atrapar a uno de ellos.</p><p>Con cada paso me acercaba más al pueblo. Tenía que pensar en qué lugar se esconderían los supervivientes. Empecé a buscar cualquier casa o local que tuviera tapiadas las ventanas. Los garajes me parecieron lugares seguros, solo tienen una entrada y eso podría salvarte la vida o llevarte a una ratonera.</p><p>Dentro del pueblo tuve que sortear varios coches que había en medio de la carretera y subidos a las aceras. En el interior había restos de comida, ropa, objetos desperdigados por doquier y manchas de sangre en todas partes, no solo dentro de los vehículos, también sobre el pavimento; sin embargo no hay ni un sólo cadáver. Debió ser todo un banquete para esos monstruos.</p><p>Mi pulso se volvía loco cada vez que veía a uno de esos seres andando con los restos de su carne colgando, como si fueran harapos.</p><p>Me colé dentro de una casa. Me moví lentamente intentando hacer el mínimo ruido, no sabía que podía encontrarme en el interior. Me refugie en el primer lugar que vi, un pequeño ropero. Esperé y esperé. Dentro de aquel lugar pequeño y oscuro los minutos eran horas.</p><p>Un ruido me alteró. Parecía que alguien o algo arrojaba objetos al suelo. Escuchaba pisadas rápidas, como si estuvieran corriendo. No era posible, estaba segura de que esos zombies eran lentos, no podían subir unas escaleras ni abrir puertas. ¿Es que acaso me equivocaba?</p><p>Las pisadas se acercaban a mi puerta. Preparé el arma, no estaba segura de a donde tenía que apuntar ya que no veía nada. Pegué mi espalda a la pared, la ropa colgada me servía para ocultarme. Pequeñas lágrimas asaltaban mis ojos. Mis manos sudorosas no aguantaban con el peso del arma. Este no era el momento ni el lugar oportuno para sufrir una crisis de ansiedad.</p><p>Algo agarró el pomo, vi como giraba dentro de mi mente. Cogí el arma con más fuerza. Un pinchazo me golpeo en la parte baja del vientre; ahora sé lo que siente una persona antes de mearse de miedo, literalmente.</p><p>La puerta se abrió de golpe. La luz me cegó durante unos segundos. Quise apretar el gatillo, quise hacerlo, pero no fui capaz. La pistola pesaba tanto que resbaló entre los dedos doloridos.</p><p>Mis ojos tardaron unos segundos en adaptarse a la luz. Entre chaquetas y abrigos había un cañón apuntándome directamente a la cara. No conseguía ver quién estaba al otro lado, mis lágrimas enturbiaban la imagen. El cañón se alejó despacio y una pequeña mano se extendió hacia mí con la palma mirando hacia arriba, ofreciéndome su ayuda.</p><p>Agarré aquella mano con desesperación, y me impulse hacia delante, esperando poder abrazar al hombre que me ofrecía gentilmente su hombro donde llorar. Sin embargo no fue un hombre al que vi, si no un niño; un muchacho de ojos vivos y fuertes.</p><p>Estaba tan animado por haberme encontrado que no paraba de hablar. Casi no podía entender lo que me decía. Observé sus facciones, las típicas de gente con algún tipo de retraso. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue preguntarme como alguien como él había sobrevivido a este infierno.</p><p>Me arrodillé y abracé al niño con fuerza mientras lloraba como una tonta. Pensé en lo irónica que parecía la situación; debería ser al revés, yo era la adulta, debía ser quien consolara al niño.</p><p>Cuando lo solté, me ofreció una lata de conservas. Eso era lo que estaba haciendo en la casa, buscaba comida.</p><p>Me agarró de la mano, esbozo una sonrisa y me dijo: “Tenemos que ir a contárselo al padre Tomás, se va a poner muy contento”.</p><p>Prima, creo que se refiere al cura que intentaron echar hace un par de meses por estar continuamente borracho. No veo a ese hombre cuidando a un niño, no sabe ni cuidarse a si mismo.</p><p>Prima espero verte pronto, te hecho tanto de menos.</p><p>Iria</p><p>P.D.: Espero encontrar, entre los supervivientes, alguien que me ayude abrir a uno de esos zombies. Cuanto más lo pienso, mejor me parece la idea.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/iria/carta-14/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 13</title><link>http://thelastwords.es/cartas/aurora/carta-13-4/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/aurora/carta-13-4/#comments</comments> <pubDate>Wed, 25 Apr 2012 15:56:30 +0000</pubDate> <dc:creator>Aurora</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=974</guid> <description><![CDATA[Querida Cristina; Estoy terminando el último cigarrillo que me queda. Con ésta última bocanada de humo se terminará lo único que me da vida en éste pueblo fantasma. Víctor nunca me dejó plantar un brote. Hace una semana visité su tumba, en el jardín, y estuve rezando porque en el Infierno le estuviesen castigando como [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
dir="ltr">Querida Cristina;</p><p
dir="ltr">Estoy terminando el último cigarrillo que me queda. Con ésta última bocanada de humo se terminará lo único que me da vida en éste pueblo fantasma. Víctor nunca me dejó plantar un brote. Hace una semana visité su tumba, en el jardín, y estuve rezando porque en el Infierno le estuviesen castigando como se merece.</p><p
dir="ltr">Estamos todos refugiados en mi casa. No pudimos acercarnos ni a la iglesia ni a la comisaría puesto que por la calle deambulan más bestias poseídas, como las del geriátrico. Cuando divisamos la iglesia tuvimos que volver a toda prisa, con tan mala suerte de que se me rompió el bastón, así que el enfermero tuvo que ayudarme para saltar la valla de mi casa para resguardarnos. Se me cayeron las llaves por el camino.</p><p
dir="ltr">Visitaremos la iglesia el próximo domingo con toda la colección de espadas de Víctor (por lo menos tenía una afición bonita; aunque sabe que nunca aprobé su otra afición: la caza). María dice que tiene que ir a confesarse. Creo que ya no le hará falta, pues Dios hace meses que dejó de escuchar nuestras plegarias. Éste pueblo ha muerto y nosotros no tardaremos en hacerlo, estoy convencida.</p><p
dir="ltr">En otro orden de cosas, cuando llegamos, los desagradecidos que tengo por hijos no estaban, y mi preciosa casa estaba sucia y destrozada, como si hubiera pasado un huracán. Puede que se hayan escondido, huido o les haya alcanzado alguna de esas criaturas. Si por un casual estuvieran con usted, hermana, hágamelo saber, por favor. Así sabré dónde mi alma deberá ir a buscarlos una vez yo haya muerto, para atormentarles de por vida. Y yo sin tabaco, ¿qué voy a hacer? Cuando me lo quitaron en el geriátrico, me fumé hasta los informes médicos; me produce ansiedad pensar que deberé volver a pasar por ello. Tampoco hay comida; sólo unos garbanzos en lata y poco más. El manzano que tengo en el jardín tampoco parece que esté de nuestra parte, así que estamos alimentándonos a base de zumo de limón y pan pasado. Ni siquiera el enfermero tiene fuerzas para andar.</p><p
dir="ltr">Espero que nuestra visita a la iglesia sirva para algo. De momento, yo me guardo en la alcoba unas vitaminas que cogí del geriátrico y unas sardinas en lata que he apartado de la despensa. Ni por un momento piense que compartiré lo bueno que tengo con ellos, y más sabiendo que puedo morir en cualquier momento.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/aurora/carta-13-4/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 13</title><link>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-12-6/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-12-6/#comments</comments> <pubDate>Mon, 16 Apr 2012 19:46:35 +0000</pubDate> <dc:creator>Padre Tomás</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=968</guid> <description><![CDATA[Querida Teresa: &#160; Una vez más, la muerte se ha cruzado en nuestro camino. No sé que calle era, ni el número. Por las escaleras se oían susurros tenebrosos, como si acecharan en las sombras para cazarnos. Aún así entramos, el hambre pudo más que el miedo. Miguel iba aferrado a la escopeta, desechando las [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong>Querida Teresa:</p><p>&nbsp;</p><p>Una vez más, la muerte se ha cruzado en nuestro camino.</p><p>No sé que calle era, ni el número. Por las escaleras se oían susurros tenebrosos, como si acecharan en las sombras para cazarnos. Aún así entramos, el hambre pudo más que el miedo. Miguel iba aferrado a la escopeta, desechando las puertas que estaban destrozadas. Nos decidimos por una que tenía un Sagrado Corazón de Jesús. Estaba intacta. Creo que era el tercer piso.</p><p>Tras unos cuantos golpes, conseguimos entrar. Me aterraba la idea de haber despertado a algún monstruo. Había cuadros religiosos y figuras de la Virgen por todas partes. Eso me hizo pensar.</p><p>Mandé al niño a la cocina, y yo pasé a registrar las habitaciones. La primera debía ser un cuarto de costura, había telas, agujas, hilos y todos los enseres propios. También había una plancha echando humo sobre una vieja sotana. Las fotos de la mesa camilla me confirmaron que era la casa del padre Leandro.</p><p>Hacía mucho que no sabía de él. Desde aquel día que me dejó, tirado y borracho, en la iglesia. Todavía recuerdo su cara de decepción. Sus reproches. Me preguntaba qué habría sido de él, cuando empezó a sonar un disco rayado.</p><p>Me asusté. El pasillo se me hizo interminable, mientras aquella tenebrosa voz cantaba: “qué alegría cuando me dijeron&#8230;”</p><p>Lo encontré en la habitación del fondo. El padre Leandro estaba allí, o lo que quedaba de él, junto a la cama de su madre. Ella estaba atada con una cuerda desgastada, casi rota, mirándome con sus ojos amarillos. Había una Biblia, agua bendita y varios crucifijos. Aquel infeliz le había intentado hacer un exorcismo.</p><p>Pobre señora Carmina.</p><p>Cuando apagué el tocadiscos, se abalanzó sobre mí. Era demasiado fuerte y no podía con ella. Creí que me iba a matar, pero Miguel gritó, apuntando con la escopeta.</p><p>—¡Vade retro Satanás!</p><p>Yo me la quité de encima y agarré un crucifijo para contenerla.</p><p>—¡No te muevas, maldita! —continuó diciendo.</p><p>Ella le miraba, rabiosa. Yo me alejé, despacio, amenazando con la cruz, como en las películas de Drácula.</p><p>Estuvimos un buen rato así hasta que el niño exclamó:</p><p>—¡Padre, corra!</p><p>Salimos corriendo de allí. Le cerramos la puerta en las narices. Casi nos coge. El portazo despertó a los vecinos. Del piso de arriba salían más zombis, corriendo como posesos. Fue horrible. No sé como logramos salir de allí ni como les despistamos. Aún así, no paramos hasta llegar a la iglesia. Ya ni siquiera sentía las piernas.</p><p>Histérico, le quité la escopeta de un golpe a Miguel y le chillé.</p><p>—¡Estás tonto! ¿Por qué no le has disparado en la cabeza? ¿Te das cuenta de que nos podía haber matado?</p><p>—Se me han acabado las balas —el pobre me miro llorando.</p><p>—Esta bien, no te preocupes —le acaricié el pelo—, espero que al menos hayas traído comida.</p><p>Y así es:</p><p>Ha traído leche, pan Bimbo, chorizo, salchichón, latas de conservas&#8230;</p><p>Por lo visto, el padre Leandro tenía la despensa llena. ¡Que Dios le tenga en su gloria! Solo lamento no haber podido darle un entierro digno.</p><p>Pasado el susto, hemos cenado. Le he dejado a Miguelín que repita ración, para que me perdone. Al fin y al cabo, me ha vuelto a salvar la vida. Esta noche le he leído el libro de Isaías, y se lo hemos dedicado al padre Leandro y a doña Carmina.</p><p>Durante todo el día me he estado acordando de tí. No sé si estás bien ni si recibes mis cartas. Ya no recuerdo cuantas veces me han intentado matar, pero estoy harto. Las manos me tiemblan.</p><p>&nbsp;</p><p>Tu hermano Tomás.</p><p>&nbsp;</p><p>P.D.: Padre Leandro, espero que me haya perdonado.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-12-6/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 13</title><link>http://thelastwords.es/cartas/alicia/carta-13-3/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/alicia/carta-13-3/#comments</comments> <pubDate>Wed, 11 Apr 2012 12:36:36 +0000</pubDate> <dc:creator>Alicia</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=953</guid> <description><![CDATA[Queridísimos Miguel y Sergio, donde quiera que estéis: De repente estaban por todas partes. Debieron de percatarse de nuestra presencia al oír los disparos con los que habíamos abatido a María Eugenia. Habíais salido al jardín y apenas habíais tenido tiempo de sacar las palas para enterrarla (no era cuestión de dejar el cadáver pudriéndose [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Queridísimos Miguel y Sergio, donde quiera que estéis:</p><p>De repente estaban por todas partes. Debieron de percatarse de nuestra presencia al oír los disparos con los que habíamos abatido a María Eugenia. Habíais salido al jardín y apenas habíais tenido tiempo de sacar las palas para enterrarla (no era cuestión de dejar el cadáver pudriéndose a la intemperie), cuando un número indeterminado de compañeros suyos, hizo su aparición en escena. No saltaron la valla del jardín, sino que se la llevaron por delante, avanzando con lentitud pero gran determinación, como un grupo de marujas dispuestas a arrasar en las rebajas de agosto. Y teníamos la mala suerte de ser el producto estrella. Sara dio la voz de alarma, desde el dormitorio de arriba, donde Lucas y yo le estábamos enseñando las fotos que ilustraban el trágico final de María Eugenia.</p><p>—¡Salid de ahí cagando leches! —os gritó Sara, dejándome medio sorda.</p><p>De hecho, fue acabar de pronunciar la frase y percatarnos de que ya estabais rodeados por una docena de zombis hambrientos, prestos a abalanzarse sobre vosotros. Ambos levantasteis las palas al unísono, blandiéndolas como si de lanzas se trataran, dispuestos a librar batalla, pese a la inferioridad numérica que os convertía en presa fácil para aquel ejército de las tinieblas. Mientras empezabais a repartir los primeros palazos, Lucas sacó de nuevo la escopeta, disparando una, dos, tres veces&#8230; derribando a dos de aquellas bestias y dejando a una tercera bastante maltrecha, pero cuando fue a disparar de nuevo, se dio cuenta de que se había quedado sin munición.</p><p>—Pero, ¿se puede saber qué haces, tonta? —me preguntó Sara, histérica—. ¡Deja de sacar fotos y ayúdame a buscar munición!</p><p>De modo que los tres buscamos y rebuscamos, pero allí no había más balas. Mientras el círculo continuaba estrechándose en torno a vosotros, oímos un ruido de cristales procedente de abajo.</p><p>—¡Están entrando por la parte de atrás! —grité—. ¡Vienen a por nosotros!</p><p>Nos precipitamos escaleras abajo, tratando de llegar a la puerta principal antes de que los malditos zombis tuvieran el control de la casa, bloqueándonos la única salida posible. De hecho, dos de ellos corrieron hacia nosotros en cuanto nos vieron junto a la puerta de salida, tratando de hacer girar una llave con manos temblorosas.</p><p>—¿Quieres darte prisa? —me decía Sara.</p><p>Cuando la puerta se abrió al fin, me dio ganas de dejarla tirada ahí, por imbécil, pero evidentemente no era el momento de tomarla con nadie. Salimos por patas, sin mirar atrás, perseguidos por media docena de ellos. Podríamos habernos hecho los héroes, tratando de llegar al jardín de atrás para rescataros, pero, queridos míos, por donde quieras que miráramos, había zombis y más que un acto de heroísmo, habría sido una completa estupidez. Ni siquiera Sara, como novia de Miguel, se lo había llegado a plantear. Corrimos y corrimos por las calles de la zona residencial en la que estaba situada la casa de los tíos de Sergio. Finalmente, nos detuvimos tras un paredón para tratar de recuperar el aliento.</p><p>—¡Mierda! —soltó Lucas entonces—. ¡Ni siquiera tenemos un punto de reunión!</p><p>Sara se puso a llorar, me puse a llorar también. Supongo que por solidaridad, por desesperación, vaya una a saber por qué&#8230; Los muertos y desaparecidos ya empezaban a ser demasiado numerosos.</p><p>Finalmente, Lucas, que era el único que había logrado mantener la compostura, nos instó a callar y reanudamos la marcha. Era apenas mediodía, pero teníamos que encontrar cobijo antes de que cayera la noche.</p><p>Nos hemos instalado en una casa con piscina, donde no tienen ni una maldita conserva. Lucas dice que mañana tenemos que volver a la casa para buscaros, si es que todavía estáis ahí. No quiero ir, pero tampoco quiero quedarme sola. Tengo miedo. Allí había muchos zombis. Quizás os hayáis unido a la tropa y estéis esperándonos para darnos ese mordisco de gracia que pone fin a las pesadillas que pueblan mis noches.</p><p>Besos,</p><p>Alicia.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/alicia/carta-13-3/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 13</title><link>http://thelastwords.es/cartas/gabriel/carta-13-2/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/gabriel/carta-13-2/#comments</comments> <pubDate>Wed, 04 Apr 2012 11:54:58 +0000</pubDate> <dc:creator>Gabriel</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=946</guid> <description><![CDATA[A quien quiera leerlo: El sonido de un repiqueteo contra el cristal me sobresaltó. Era de noche. La luna se filtraba a través de la ventana del salón. Una sombra oscura se colaba a través de ella. Cogí mi bate de la mochila y me acerqué sin hacer ruido. De repente, la sombra se extendió, [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>A quien quiera leerlo:</p><p>El sonido de un repiqueteo contra el cristal me sobresaltó. Era de noche. La luna se filtraba a través de la ventana del salón. Una sombra oscura se colaba a través de ella.</p><p>Cogí mi bate de la mochila y me acerqué sin hacer ruido. De repente, la sombra se extendió, adquiriendo la forma de unas alas. Un graznido puso mis músculos en alerta. Me relajé enseguida, no era más que un estúpido cuervo apoyado sobre el balcón. Abrí la ventana para ahuyentarle.</p><p>―Fsss, fsss ―le chisté. Pero no se movió.</p><p>Fui a empujarle con el bate, pero el cuervo le dio un fuerte picotazo. Después, clavó sus ojos en los míos. Sentí frío bajo la piel.</p><p>El cuervo graznó una vez más, batiendo las alas antes de salir volando hacia el bosque. No sé por qué lo hice, pero le seguí. Todo parecía sacado de una pesadilla: la densa niebla, los árboles deformados como si me fueran a agarrar en cualquier momento, e incluso los ojos amarillos mirándome a través de la espesura.</p><p>Vi como el cuervo se posaba sobre un tronco calcinado. Parpadeé, y al volver a abrir los ojos, en el lugar donde antes descansaba el cuervo, ahora se distinguía la silueta de un hombre. Un destello de la luna se reflejó en sus enormes y oscuras gafas. Cogí una piedra del suelo, dispuesto a arrojársela a la cabeza, pero un gesto de su brazo me detuvo: señalaba con el dedo extendido hacia el árbol que tenía al lado. Una sonrisa blanca se dibujó en su rostro. Miré y antes de que terminara de fijar mi vista, sabía que había cometido el peor error de mi vida. Sobre unas cuerdas colgaban boca abajo los cuerpos inertes de mis amigos: el Sebas, el Suko, el Rule, y el gordo del Paji. Sus caras estaban deformadas en un gesto de horror silencioso. Apreté con fuerza la piedra antes de  girarme hacia la silueta del jefe militar, pero él seguía sonriendo y señalando con el dedo. Dirigí mi vista de nuevo en esa dirección.</p><p>Mi mano dejó caer la piedra. Había dos cuerdas pequeñitas. De la primera de ellas colgaba Minchi, totalmente ensangrentado y de la segunda&#8230; de la segunda&#8230; no&#8230; no podía ser.</p><p>Me desperté desgarrándome la garganta, gritando tu nombre, Abel. Otra vez un puto sueño, pero ahora no te tenía a mi lado para asegurarme de que estabas bien.</p><p>Abracé con fuerza a Minchi antes de meterlo en la mochila. La visión de mis amigos me desconcertaba, al igual que me pasó cuando soñé con Alex.</p><p>Iré al bosque, al lugar del sueño.</p><p>¿Estarás allí, Abel?</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/gabriel/carta-13-2/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 13</title><link>http://thelastwords.es/cartas/iria/carta-13/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/iria/carta-13/#comments</comments> <pubDate>Fri, 30 Mar 2012 10:53:15 +0000</pubDate> <dc:creator>Iria</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=943</guid> <description><![CDATA[Tengo miedo prima: &#160; Carmen está en contra de mi decisión. Dice que mi cerebro está mejor en un laboratorio que en la boca de algún zombie. No le falta razón, pero de otra manera este virus se propagará y los pocos no infectados que se esconden en el pueblo se quedarán sin alimento y [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Tengo miedo prima:</p><p>&nbsp;</p><p>Carmen está en contra de mi decisión. Dice que mi cerebro está mejor en un laboratorio que en la boca de algún zombie. No le falta razón, pero de otra manera este virus se propagará y los pocos no infectados que se esconden en el pueblo se quedarán sin alimento y expuestos a unos seres famélicos que les darán caza.</p><p>Vicente y Ana me observaban como si estuviera loca y al mismo tiempo, como si fuera una heroína de cómic. Lo que todos olvidan, es que lo héroes son los primeros en morir.</p><p>No estaba segura de que víveres me harían falta, ni tampoco cuanto tiempo estaría fuera. Había cogido todo el brebaje que podía llevar conmigo, pero  malamente tendría para un par de personas y estas tendrían que esperar a que volviera a por más.</p><p>Guardé comida y una muda de ropa en la mochila. El brebaje y los botes de muestras los llevaba en una bolsa nevera, que conservaría su interior bien fresco.</p><p>Me encerré en la habitación pensando en cual sería la ruta que debía seguir. Cada vez que pensaba en salir al exterior un escalofrío recorría mi espalda, estaba aterrada. Me imaginaba a esos seres andando hacia mí con la boca abierta y su baba negruzca goteándoles por el pecho. Sufría de pesadillas con los ojos abiertos, donde varias secuencias de diferentes películas se hacían realidad y yo, en cada una de ellas, siempre acababa gritando mientras me devoraban, incluso sentía como me desgarraban la carne.</p><p>Había programado mi salida para el medio día, pero no era capaz de salir de mi cuarto. Vicente se acercó a mi habitación, golpeó dos veces la puerta y me llamó. No pude responderle, ni siquiera moverme; su voz eran palabras sin sentido que repicaban constantemente. Ana se unió al compás de golpes y gritos. Su voz encendió una luz en mi cerebro que se había apagado.</p><p>Abrí la puerta con torpeza. En cuanto los vi eché un paso atrás con los ojos muy abiertos, mi cara debía expresar mi sorpresa, ya que se echaron a reír al unísono.</p><p>Vicente me mostraba una pistola pequeña de color negro, me dijo algo sobre el modelo entre risas, pero no lo entendí. Ana me sonreía, sus ojos brillaban con picardía. ¿De donde habían sacado un arma?  No sabía si preguntar o simplemente ignorar el hecho. Me la ofreció con varias cajas llenas de balas.</p><p>Lo único que pude balbucear, es que no tenía ni idea de que hacer con ese aparato. Los dos se miraron con una sonrisa llena de complicidad.</p><p>—Defenderte —me dijeron con entusiasmo.</p><p>—Te voy a explicar —me mostraba el arma como si fuera algo inofensivo—, la coges por aquí y si aprietas este botón desbloqueas el seguro.</p><p>Asentí con la cabeza, aunque realmente no entendía nada de lo que me estaba diciendo. Mi cuerpo estaba ahí, pero mi mente se había tomado unas largas vacaciones a un lugar perdido.</p><p>Sentir el arma en el bolsillo, lejos de darme seguridad, me aterraba. Soy consciente que en algún momento podría llegar a salvarme la vida.</p><p>Carmen estaba esperándome en la puerta de la entrada. Cuando llegué a su altura, me ofreció una llave que abría la puerta del laboratorio, la cual se cerraría a mi paso. Desabroché mi cadena y me la colgué del cuello, no debía perderla o no podría regresar. Sentí como introducía algo en el bolsillo mientras me susurraba algo muy extraño: “por si te encuentras algo más extraño de lo habitual.”. Quería responderle diciendo que las cosas ya son bastante raras, cómo saber que es más raro de lo habitual. Sus ojos me observaban con fiereza, como si debiera comprender algo.</p><p>Abrí la puerta. Un aire cálido me acaricio el rostro. Era extraño oler las flores que crecían en el invernadero y escuchar el susurro del río que paseaba a pocos metros. Todo era tan inquietantemente normal, que nadie podía adivinar el horror que a pocos metros vivían mis vecinos; el mismo que hace poco sentí en mi piel y el que sigue creciendo silenciosamente en mi espalda.</p><p>Prima, sé que si estuvieras aquí me regañarías, me tirarías de las orejas y me encerrarías en el laboratorio; pero tu no estas aquí y esta es mi decisión, acertada o no.</p><p>Te hecho de menos primita.</p><p>Besos</p><p>Iria</p><p>P.D.: ¿Recuerdas la promesa que nos hicimos de pequeñas? Sigue en pie.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/iria/carta-13/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 12</title><link>http://thelastwords.es/cartas/aurora/carta-12-5/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/aurora/carta-12-5/#comments</comments> <pubDate>Thu, 22 Mar 2012 17:26:23 +0000</pubDate> <dc:creator>Aurora</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=936</guid> <description><![CDATA[Querida Cristina; ¿Por qué no me ha respondido? Llevo más de medio año escribiéndole y ni siquiera sé si sigue viva. ¿Tanto rencor tiene acumulado hacia mí? En fin&#8230; Ahora mismo estamos en la calle y sin saber a dónde ir. No podemos volver al geriátrico porque esas bestias están ahí dentro, sueltas, deambulando en [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
dir="ltr">Querida Cristina;</p><p
dir="ltr">¿Por qué no me ha respondido? Llevo más de medio año escribiéndole y ni siquiera sé si sigue viva. ¿Tanto rencor tiene acumulado hacia mí? En fin&#8230;</p><p
dir="ltr">Ahora mismo estamos en la calle y sin saber a dónde ir. No podemos volver al geriátrico porque esas bestias están ahí dentro, sueltas, deambulando en busca de comida. Parecen insaciables. Y eso que les di de comer a la mal nacida de mi enfermera. Abrí la puerta de su habitación, en donde la tenía secuestrada, y me alejé mientras la muy asquerosa pedía clemencia. Ni siquiera me inmuté.</p><p
dir="ltr">Después, fuimos a la habitación del señor Roberto, que por lo visto se ha convertido en una bestia como Julián, su hermano, y los liberamos para que se ocuparan de esa perra. Los dos se abalanzaron hacia nosotros en cuanto nos vieron. Por suerte, estábamos protegidos por las mesas, y una vez que los muy cazurros aceptaron que no podían atravesarlas, se escuchó el grito ahogado de la enfermera y los dos salieron escopeteados hacia su habitación. Lástima de no haber visto la carnicería, pero deseé que mi risa fuera lo último que hubiese escuchado esa hija de Satanás.</p><p
dir="ltr">Ni siquiera tenemos previsiones para una semana. El enfermero es el que lleva más peso, ya que con mi bastón en mano, lo único que puedo llevar es un pequeño bolso con todas las llaves que encontré ahí dentro, un par de latas de conserva junto a una libreta y un bolígrafo, y mis queridos cigarrillos. La señora María lleva una mochila con ropa dentro, y la pareja de ancianos que resta, un poco de agua y medicamentos, incluidos los que nos obligaban a tomar. Alguien en el pueblo sabrá de qué están hechos.</p><p
dir="ltr">Estamos debatiendo qué camino tomar. Unos dicen que vayamos al cuartel de la policía para informar de lo que ha sucedido en estos meses; y otros que nos refugiemos en la iglesia, donde seguro que nos darán cobijo. Ninguna de las dos opciones me gusta, puesto que la policía poco podrá hacer al respecto viendo el estado en que se encuentra el pueblo; y nunca me gustaron las iglesias.</p><p
dir="ltr">Creo que me separaré del grupo y volveré a mi casa. Seguro que los desagradecidos de mis hijos se encuentran en ella, disfrutando de mi chimenea.</p><p
dir="ltr">Un beso.</p><p
dir="ltr">Aurora</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/aurora/carta-12-5/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 12</title><link>http://thelastwords.es/cartas/alicia/carta-12-4/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/alicia/carta-12-4/#comments</comments> <pubDate>Mon, 19 Mar 2012 07:38:35 +0000</pubDate> <dc:creator>Alicia</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=927</guid> <description><![CDATA[Estimada María Eugenia: Nunca nos presentaron, pero sé que nació en Madrid el 5 de enero del año 1951 y que hoy ha muerto por segunda vez, por lo cual ruego encarecidamente que nos disculpe. Procuraré recordarla siempre como la señora regordeta de la foto de su carnet de identidad, donde aparece con el pelo [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p
align="JUSTIFY">Estimada María Eugenia:</p><p
align="JUSTIFY">Nunca nos presentaron, pero sé que nació en Madrid el 5 de enero del año 1951 y que hoy ha muerto por segunda vez, por lo cual ruego encarecidamente que nos disculpe. Procuraré recordarla siempre como la señora regordeta de la foto de su carnet de identidad, donde aparece con el pelo corto teñido de amarillo paja, una cara redonda llena de marcas, ojos claros y bigote. Definitivamente, el zombi de rostro desfigurado al que nos cargamos esta mañana no se parecía mucho a Usted. De hecho, a ese monstruo no le debemos ninguna disculpa.</p><p
align="JUSTIFY">Esta mañana se levantó temprano y decidió darse un paseo por un jardín que no era el suyo&#8230; y que encima pertenecía a una casa atestada de humanos, la nuestra. Era la hora del desayuno y nos encontrábamos en el comedor, zampándonos unos raviolis de bote que habíamos conseguido calentar en la cocina de gas. Sara levantó la vista y casualmente la vio, arrastrando sus pies por el jardín, llevándose los rosales por delante, hasta que su falda de punto se enganchó a unas zarzas que le impidieron seguir con el paseo. Usted seguía tirando, dale que te pego, pero el dichoso arbusto se había empeñado en no soltarla. Mis compañeros y yo estuvimos un buen rato observándola, muertos de risa, porque era evidente que a Usted no le daba el cerebro para pararse a pensar en lo fácil que hubiera sido retroceder un poco para desengancharse y seguir adelante.</p><p
align="JUSTIFY">Llevábamos una semana en la casa y todavía no nos habíamos atrevido a salir de ella para explorar los alrededores. Lucas era definitivamente gay y estaba por Sergio, pero yo no había perdido la esperanza de que se pasara al otro lado y se fijara en mí. Mi hermana me llamaba ingenua y yo le decía que no, que era romántica. En todo caso, tengo que agradecerle que se molestara en convencer a Miguel y Sergio de que Lucas y yo no estábamos predestinados a ser super héroes. De modo que mientras ellos tres hacían estúpidas maniobras de entrenamiento en el jardín, donde jugaban con unas pistolas que habían encontrado en el desván, Lucas y yo nos lo pasábamos bomba desempeñando las tareas del hogar.</p><p
align="JUSTIFY">Llegué a pensar que nuestra vida podía seguir siempre así, que la comida de la despensa no se acabaría nunca, que Lucas se dejaría de tonterías y se enamoraría de mí y que viviríamos todos juntos en aquella casa, en armonía y felicidad, durante el resto de nuestras vidas. Pero entonces llegó Usted y comprendimos que la realidad era bien distinta.</p><p
align="JUSTIFY">Cuando los tres super héroes se cansaron de verla haciendo el ridículo, salieron al jardín, armados con sus juguetes nuevos y dispuestos a poner en práctica su habilidad como pistoleros. A Lucas y a mí nos encargaron que subiéramos a uno de los dormitorios de la planta de arriba, desde donde se dominaba todo el jardín. Además de vigilar sus espaldas, teníamos que documentar el asesinato con ayuda de la cámara digital de la prima de Sergio.</p><p
align="JUSTIFY">—Y Alicia&#8230; —me advirtió Sara antes de salir de la casa, embutida en su mono amarillo—. ¡Haz el favor de no olvidar que para enfocar tienes que pulsar el botón antes de disparar!</p><p
align="JUSTIFY">—Esta se cree que soy tonta —le comenté a Lucas mientras encendía la cámara.</p><p
align="JUSTIFY">Miguel y Sergio le cedieron los honores a Sara, que se situó a unos cinco metros de Usted, sacó la pistola&#8230; y se tomó su tiempo para apuntarle en la mismísima cara, atravesada por una herida muy fea que supuraba. Al percatarse de la presencia de mis amigos, comenzó a tirar con más fuerza de la falda para tratar de liberarse de las ramas que la aprisionaban.</p><p
align="JUSTIFY">—¿Estás sacando fotos? —me preguntó el imbécil de Sergio desde abajo.</p><p
align="JUSTIFY">¿Quién era Usted, María Eugenia? ¿Qué hacía antes de convertirse&#8230; en eso? ¿Cuáles eran sus aficiones? ¿Estaba casada, divorciada? ¿Tenía hijos? ¿Era de derechas o de izquierdas? ¿Había salido alguna vez del pueblo? ¿Con qué soñaba? ¿Se tejía sus propias faldas de punto?</p><p
align="JUSTIFY">Click. Retrato de la versión zombi de María Eugenia. Click. Sara apuntando. Click. Miguel y Sergio, posando. Click. Zombi enfurecido liberándose. Click. Zombi abalanzándose sobre Sara. Click. Miguel y Sergio disparando al zombi. Click. Miguel y Sergio disparan de nuevo. Click. Zombi sigue en pie y tratando de pegar un mordisco al cuello de mi hermana. Click. Cortina. Click. Lucas señalando una escopeta apoyada en la pared del dormitorio. Click. Lucas cargando el arma. Click. Lucas apuntando. Click. María Eugenia en el suelo. Click. Miguel y Sergio con mirándonos con estupefacción. Click. Mi hermana echando a un lado el cadáver zombi. Click. Lucas guiñándome un ojo. Click.</p><p
align="JUSTIFY">Hoy he aprendido que los auténticos super héroes no llevan traje. Descanse en paz, María Eugenia.</p><p
align="JUSTIFY">Atentamente,</p><p
align="JUSTIFY">Alicia.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/alicia/carta-12-4/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Carta 12</title><link>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-12-3/</link> <comments>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-12-3/#comments</comments> <pubDate>Sun, 18 Mar 2012 23:53:18 +0000</pubDate> <dc:creator>Padre Tomás</dc:creator> <category><![CDATA[Cartas]]></category> <guid
isPermaLink="false">http://thelastwords.es/?p=924</guid> <description><![CDATA[Querida Teresa: &#160; Ha sido horrible. Nunca había pasado tanto miedo. Desperté de la borrachera, más sereno que de costumbre. Busqué algo para desayunar, pero ya no quedaba comida. Parece ser que había estado dormido más tiempo de lo creía. Llamé a Miguel, pero no contestó. Insistí, gritando cada vez más fuerte. Registré la iglesia [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p><strong></strong>Querida Teresa:</p><p>&nbsp;</p><p>Ha sido horrible. Nunca había pasado tanto miedo.</p><p>Desperté de la borrachera, más sereno que de costumbre. Busqué algo para desayunar, pero ya no quedaba comida. Parece ser que había estado dormido más tiempo de lo creía. Llamé a Miguel, pero no contestó. Insistí, gritando cada vez más fuerte. Registré la iglesia de cabo a rabo, pero no le encontré. El miedo se apoderó de mí. Solo me quedaba por mirar en el campanario. Me costó mucho subir, bien sabes tú lo de mis vértigos. Al asomarme todo daba vueltas.</p><p>El panorama era desolador. No le encontraba por ningún lado. Desesperado, salí a la calle a buscarle, a pesar de haber visto a dos monstruos de esos rondando por allí. No sabía que hacer ni adonde ir.</p><p>Cuando me quise dar cuenta, me vi frente al bar de Martín. Estaba destrozado y olía a muerte. Aún así entré. Martín se encontraba tras la barra, con la boca ensangrentada y los ojos amarillos, aferrado a una coctelera, y en el suelo, los restos de su mujer.</p><p>No me preguntes por qué, pero me senté en un taburete, como en los viejos tiempos, y empecé a contarle mis penas. Él me escuchaba, balanceándose y moviendo la boca. Le hable de Rocío, de los zombis, de los soldados y de Miguelín. Y cuando la confesión parecía que no iba a terminar, se abalanzó sobre mí.</p><p>Un disparo le reventó la cabeza. Una vez más se repetía la escena. Miguel estaba allí, manchado de tierra y con la escopeta de su padre.</p><p>—¿Pero que hace ahí, padre? —preguntó con su voz de tontito.</p><p>Le abracé, y sin dejar de llorar, le regañé.</p><p>—¿Se puede saber donde estabas? ¿Te das cuenta del susto que me has dado?</p><p>Me lo llevé de vuelta a la iglesia y le metí de cabeza en la bañera.</p><p>El jodío traía la mochila llena de comida y pudimos cenar. Me contó que había vuelto para enterrar a su hermana y no sé que historias más que ni siquiera escuché.</p><p>&nbsp;</p><p>Por fin duerme. Ya pasó el mal trago. Esta noche le he castigado sin leer la Biblia.</p><p>Espero que algún día salgamos de aquí y volvamos a vernos. A lo mejor tú sabes como meterle en vereda.</p><p>Aunque estoy contento, la cosa pinta muy mal. El mapa de Miguel tiene más zonas señaladas. Esos demonios nos están cercando.</p><p>&nbsp;</p><p>Tu hermano Tomás.</p><p>&nbsp;</p><p>P.D.: Padre, gracias por devolverme al chico sano y salvo.</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://thelastwords.es/cartas/padre-tomas/carta-12-3/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> </channel> </rss>
<!-- Performance optimized by W3 Total Cache. Learn more: http://www.w3-edge.com/wordpress-plugins/

Page Caching using disk: enhanced
Database Caching 1/57 queries in 0.108 seconds using disk: basic
Object Caching 1289/1428 objects using disk: basic

Served from: thelastwords.es @ 2012-05-20 10:04:27 -->
