Iria
29/Jan/2012
bloody hand
11

Hola prima, te necesito:

 

El tiempo pasa con extenuante rapidez y nuestra investigación va demasiado lenta. Estamos muy lejos de encontrar una vacuna, pero muy cerca de mejorar el brebaje.

Sé que no debería hacerlo, pero me estoy quedando sin existencias, si no lo renuevo lo antes posible mi cuerpo retomara ese pútrido ciclo que me convertiría en un monstruo sin alma.

Bajé al laboratorio aprovechando el sueño reparador en el que estaban enfrascados mis compañeros. Esperaba que la noche y su fino velo escondieran mis actos ludópatas.

Mis pasos eran torpes piedras en un suelo incandescente. Mi impaciencia se hacía más evidente cuanto más me acercaba a la zona de cuarentena. Colocarme el traje blanco sin ayuda fue una tortura imposible; sé que la cremallera no quedó bien cerrada, pero no había nada en esa sala peor que lo que mi cuerpo albergaba.

Agarré el tubo de I2 y lo introduje en la duplicadora. Tardaría unos minutos en estar listo, tiempo que aproveché para  hacer el seguimiento del virus que invadía mi cuerpo; debía saber en qué fase se encontraba. Me pinché en el dedo e introduje la gota de sangre en la probeta y observé mis células mutadas en la pantalla. Los glóbulos blancos explotaban al intentar mantener a raya el virus; el plasma se habida vuelto más espeso, los glóbulos rojos habían perdido su forma redondeada, y las plaquetas eran cuerpos inertes atrapado en la corriente sanguínea.

Me pregunto como estarían mis órganos si mi sangre era el puzzle del caos; las vísceras serían una tormenta descontrolada. Podía realizar algunas pruebas, pero tenía miedo del resultado final.

La duplicadora había terminado. Con la pistola en mano, coloque el tubo de cristal y preparé mi antebrazo para recibir el sustituto sintético del brebaje. Aparté la vista mientras el líquido desaparecía del tubo, nunca llevé bien lo de clavar agujas en el cuerpo. Cuando finalizó, escondí los botes duplicados en una caja en el frigorífico con mi nombre en grande y escribí: “Pruebas fallidas”; a veces poner las cosas delante de los ojos de los demás las convierte en invisibles.

Me coloqué los electrodos en el pecho y esperé pacientemente a que el I2 hiciera su efecto. Según las pruebas, tardaba diez minutos en inundar el torrente sanguíneo y otro tanto en activarse.

Cuando empecé a sentir el calor,  supliqué que no doliera demasiado. Los espasmos musculares elevaron violentamente mis miembros. Un dolor agudo recorría mi columna vertebral. El electrocardiograma se volvió loco con los latidos de mi corazón que subían y bajaban como si fuera una atracción de feria. Intenté no gritar, mordiendo con fuerza un protector de silicona, pero los quejidos salían de mi garganta y con cada uno sentía un segundo de alivio.

Lo que ocurrió a continuación lo recuerdo como un sueño borroso. Perdí todo control; mi cuerpo se convulsionaba sobre la camilla, la única mano que había dejado libre golpeaba todo lo que hubiera a su alcance. La saliva borboteaba sobre mi pecho y las imágenes se hicieron confusas. Tardó unos minutos, pero me pareció una vida.

Mis constantes se normalizaron media hora más tarde. Estaba tan agotada y dolorida que fui incapaz de moverme. Me quedé dormida del cansancio.

Cuando desperté, faltaba una hora para que el equipo bajara. Me desaté y comencé a limpiar cualquier rastro que hubiera dejado. Desde esterilizar y limpiar la jeringuilla, hasta recoger las correas de la camilla.

Estaba tan apurada que no me percaté de que una carpeta roída, de color marrón, se me había caído al suelo. La recogí y por curiosidad, la abrí. Esperaba encontrarme con el típico formulario de la planta analizada; pero en su interior había un estudio minucioso de I1. La técnica de esconder todo en un lugar visible era muy conocida.

 

Prima, esta noche tendré que volver, debo descubrir que hay en esa carpeta.

 

Iria

 

P.D.: He tenido que vendarme la mano; según Ana me la he dislocado. Te garantizo que el dolor de colocar esos huesecillos fue una minucia en comparación con el que he tenido que aguantar sobre la camilla.